El hongo silencioso que preocupa a los hospitales y no responde a tratamientos

No hace falta una pandemia para poner en alerta a un sistema de salud. A veces alcanza con algo más discreto, pero igual de difícil de controlar. Eso es lo que está pasando con Candida auris, un hongo que no suele aparecer en titulares masivos, pero que preocupa cada vez más dentro de hospitales.

No es nuevo, pero sí cada vez más frecuente. Y lo que lo vuelve distinto no es solo que infecta, sino que muchas veces no responde a los tratamientos habituales.

Qué es Candida auris y por qué llamó la atención médica

Candida auris fue identificado por primera vez en 2009 en Japón, a partir de una muestra tomada en el oído de un paciente. En ese momento, parecía un caso aislado. Sin embargo, en pocos años empezó a aparecer en distintos países casi al mismo tiempo: India, Sudáfrica, Reino Unido y luego Estados Unidos.

Ese patrón llamó la atención porque no seguía una expansión típica desde un único foco. Era como si el problema hubiera surgido en paralelo en distintas partes del mundo.

En Estados Unidos, se detectó oficialmente en 2016. Desde entonces, su presencia no dejó de crecer, especialmente en entornos hospitalarios.

Dónde se concentra el problema actualmente

El foco más relevante está en la región de Nueva York y Nueva Jersey, donde se concentra alrededor del 20% de los casos del país.

En el área metropolitana de Nueva York, solo en el primer semestre de 2024 se registraron más de 600 casos clínicos y cientos de portadores asintomáticos. Esto último es clave: hay personas que tienen el hongo sin desarrollar síntomas, pero que pueden contribuir a su propagación.

A nivel nacional, el organismo Centers for Disease Control and Prevention confirmó miles de casos en los últimos años, con presencia en decenas de estados.

Por qué Candida auris es difícil de tratar

Lo que realmente preocupa a los médicos no es solo la infección, sino su resistencia.

En la mayoría de los casos, este hongo no responde a fluconazol, uno de los antifúngicos más utilizados en el mundo. Y en un porcentaje menor, también muestra resistencia a otros tratamientos más potentes, como la anfotericina B.

Esto limita las opciones terapéuticas y obliga a utilizar combinaciones o medicamentos más nuevos, que no siempre están disponibles o son efectivos en todos los casos.

Además, Candida auris tiene otra característica poco común: puede sobrevivir en superficies durante mucho tiempo, incluso después de procesos de limpieza estándar. Esto facilita su permanencia en hospitales y centros de cuidados prolongados.

Cómo afecta al cuerpo y a quiénes pone en riesgo

En personas sanas, el riesgo es bajo. Este punto es importante para no generar alarma innecesaria.

El problema aparece en pacientes vulnerables: personas con el sistema inmunológico debilitado, internadas por largos períodos o que requieren tratamientos invasivos, como catéteres o respiradores.

En esos casos, el hongo puede ingresar al torrente sanguíneo y provocar infecciones graves, que en algunos escenarios pueden ser difíciles de controlar.

El papel de la resistencia antimicrobiana

El avance de Candida auris no es un hecho aislado. Forma parte de un problema más amplio: la resistencia antimicrobiana.

La Organización Mundial de la Salud viene advirtiendo desde hace años que cada vez más microorganismos dejan de responder a los tratamientos convencionales.

Esto ocurre, en parte, por el uso excesivo o incorrecto de antibióticos y antifúngicos. Cuando estos medicamentos se usan sin necesidad o de forma inadecuada, los microorganismos tienen más oportunidades de adaptarse y volverse resistentes.

Durante la pandemia de COVID-19, este fenómeno se intensificó, ya que muchos pacientes recibieron antibióticos incluso sin infecciones bacterianas confirmadas.

Qué medidas se están tomando en hospitales

Frente a este escenario, los hospitales reforzaron protocolos específicos.

Se implementan controles más estrictos, aislamiento de pacientes infectados o portadores, y métodos de desinfección más intensivos. En ciudades como Nueva York, estas medidas forman parte del trabajo diario en centros de alta complejidad.

También se realizan monitoreos constantes para detectar casos de forma temprana y evitar brotes internos.

El desafío en el desarrollo de nuevos tratamientos

Aunque la ciencia avanza, hay un problema menos visible: desarrollar nuevos antimicrobianos no siempre es rentable para la industria farmacéutica.

A diferencia de otros medicamentos de uso continuo, los antibióticos y antifúngicos se utilizan por períodos cortos. Esto reduce el incentivo económico para invertir en su desarrollo.

Por eso, en Estados Unidos se discuten proyectos como la Ley PASTEUR, que busca cambiar ese modelo mediante financiamiento estatal para fomentar la creación de nuevos tratamientos.

Qué significa esto fuera del ámbito hospitalario

Para la mayoría de las personas, Candida auris no representa un riesgo directo en la vida cotidiana.

No es un hongo que circule libremente como un virus respiratorio. Su impacto está concentrado en entornos médicos, donde las condiciones favorecen su transmisión.

Sin embargo, lo que sí trasciende es el mensaje de fondo: los microorganismos resistentes ya no son una posibilidad futura, sino una realidad presente.

Un problema silencioso pero creciente

A diferencia de otras amenazas sanitarias, este tipo de infecciones no genera picos visibles ni titulares constantes. Pero avanza de forma sostenida.

Y ahí está el punto clave: no se trata de un evento puntual, sino de un cambio en cómo interactuamos con los microorganismos.

Candida auris no es el único caso, pero sí uno de los ejemplos más claros de hacia dónde puede ir este problema si no se controla.

Porque cuando los tratamientos dejan de funcionar, lo que antes era manejable vuelve a ser un desafío serio. Y esa es una realidad que la medicina actual ya no puede ignorar.

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