En diciembre de 2025 comentamos sobre la inteligencia artificial y el desplome silencioso del empleo, en un marco analítico donde todavía había pocos datos duros, pero ya se empezaban a notar patrones bastante claros. Ahora, en menos de seis meses, esas señales comenzaron a volverse visibles: los despidos en el sector tecnológico se aceleraron y el reemplazo de tareas humanas por sistemas automatizados dejó de ser una teoría futurista para convertirse en una tendencia concreta.
Lo que en Escuentodo habíamos advertido tiempo atrás, hoy empieza a notarse con más fuerza en Estados Unidos y también a nivel global. Y lo más inquietante es que el problema no parece ser un “colapso del empleo” en términos clásicos, sino algo más sutil y potencialmente más peligroso: un cambio estructural capaz de afectar salarios, consumo y desigualdad, incluso si el desempleo no se dispara.
Porque claro, el capitalismo no necesita destruir el mundo de golpe. Prefiere hacerlo lento, metódico y con cara de normalidad.
La realidad de la Inteligencia Artificial y los empleos en 2026
En Estados Unidos, los despidos vinculados a la inteligencia artificial (IA) dejaron de ser un rumor futurista y pasaron a convertirse en un dato concreto del mercado laboral. Lo que antes se decía como advertencia hoy aparece en informes, estadísticas y decisiones empresariales reales: compañías tecnológicas están recortando personal porque ciertas tareas ya pueden ser automatizadas, aceleradas o directamente reemplazadas por sistemas de IA.
Y lo más interesante es que el problema no parece ser un derrumbe total del empleo, sino algo mucho más silencioso: un ajuste progresivo que cambia el tipo de trabajo disponible, modifica la estructura salarial y puede terminar golpeando la economía desde adentro.
El nuevo tipo de despido que se volvió común en Silicon Valley
Durante años, la industria tecnológica de EEUU vivió una expansión casi permanente. En especial entre 2015 y 2022, muchas empresas contrataron como si el crecimiento fuera infinito. Grandes firmas de software, plataformas digitales y servicios en la nube sumaron empleados en masa, sobre todo en áreas administrativas, soporte, desarrollo y análisis de datos.
Pero desde 2023 comenzó a aparecer un fenómeno particular: recortes de personal donde la inteligencia artificial se menciona como causa directa.
Ya no es “reestructuración”, “ajuste presupuestario” o “cambio estratégico”. Ahora es algo más frío y directo: esta tarea ya la hace un modelo automático.
Y cuando esa explicación se repite en distintas compañías, deja de ser anecdótico. Se convierte en tendencia.
Cuántos despidos se atribuyen directamente a la inteligencia artificial
Una de las consultoras más reconocidas en el seguimiento de despidos corporativos en EEUU, Challenger, Gray & Christmas, registró que durante 2025 la IA fue citada como responsable del despido de 54.836 trabajadores del sector privado estadounidense.
Ese número representa más de un tercio de los despidos registrados en el sector tecnológico durante ese año.
Además, desde 2023, cuando esta explicación empezó a aparecer con fuerza, la inteligencia artificial ya fue mencionada como motivo en 71.825 anuncios de recortes laborales, lo que confirma que no se trata de un evento aislado sino de un patrón creciente.
Y hay un detalle importante: no hablamos de fábricas ni de cadenas de montaje. Hablamos de trabajadores calificados, gente de oficina, programadores, analistas y roles administrativos que hasta hace poco parecían “seguros”.
Por qué en 2026 la tendencia parece acelerarse
Si 2025 ya mostraba señales fuertes, los primeros datos de 2026 sugieren que la situación podría intensificarse.
Un análisis de RationalFX indicó que en el primer trimestre de 2026 se registraron 78.557 despidos en el sector tecnológico a nivel global. De ese total, aproximadamente el 48,7% estuvo relacionado directamente con adopción de inteligencia artificial, lo que equivale a unos 38.279 despidos.
Y acá aparece un dato que cambia el panorama: más del 76% de esos despidos ocurrieron en EEUU.
Esto deja algo bastante claro. Aunque la IA se usa en todo el mundo, el impacto laboral se siente primero donde más se concentra el software corporativo, la inversión tecnológica y la competencia por productividad.
El problema no es el desempleo, es el consumo
Muchos analistas sostienen que el efecto más peligroso no se verá en el índice tradicional de desempleo, sino en otra variable que mueve la economía norteamericana: el consumo.
En EEUU, el consumo interno es uno de los motores principales de la economía. Si una parte grande de la clase media tecnológica pierde estabilidad laboral, o empieza a aceptar sueldos más bajos, el impacto no tarda en aparecer en ventas, servicios, crédito y actividad económica.
Dicho simple: quizá no haya una “crisis laboral visible”, pero sí puede aparecer una sociedad con menos capacidad de gasto y más incertidumbre.
Y eso, en términos económicos, es veneno lento.
Qué es la redefinición del valor del trabajo en la era de la IA
La economista Dilin Wu, de Pepperstone, planteó una idea clave: estos despidos no se deben tanto a una destrucción directa del empleo como a un cambio profundo en la lógica del trabajo.
Lo que está ocurriendo es que se redefine cuánta intervención humana se necesita para producir lo mismo.
Antes, una empresa necesitaba equipos enteros para tareas como redactar documentación, analizar reportes, revisar código, atender consultas, generar campañas, filtrar datos, escribir correos comerciales o procesar tickets internos.
Ahora, con sistemas de IA generativa, muchas de esas tareas se hacen más rápido y con menos personas.
Esto no significa que el trabajo desaparezca completamente, pero sí implica algo evidente: se reduce la cantidad de empleados necesarios para sostener la misma producción. Y eso cambia el equilibrio laboral desde la base.
Cómo la inteligencia artificial afecta salarios y puestos junior
Uno de los puntos más repetidos en los análisis recientes es que la IA está golpeando más fuerte en posiciones de entrada, los trabajos junior y de nivel medio.
El analista Martín Cordeviola, de Portfolio Personal Inversores (PPI), explicó que el impacto agregado todavía parece acotado, pero que cuando se observa en detalle empiezan a aparecer señales claras.
Por ejemplo: menor contratación en roles administrativos, back office y posiciones junior. En muchos casos, los puestos no desaparecen del todo, pero se reemplazan por otros con salarios más bajos o con menor proyección de crecimiento.
Esto es especialmente relevante porque el consumo discrecional depende de esos ingresos medios. Si una generación de jóvenes profesionales entra al mercado con menos oportunidades y peores sueldos, el golpe económico puede sentirse durante años.
Y no hay algoritmo que arregle eso con un prompt motivacional.
Por qué las empresas invierten más en IA mientras despiden personal
A simple vista parece una contradicción, pero en realidad es coherente desde el punto de vista corporativo: mientras recortan empleados, las empresas aumentan inversión en infraestructura tecnológica.
Muchas firmas están gastando miles de millones en data centers, chips, servidores, almacenamiento masivo y entrenamiento de modelos.
Esto ocurre porque la IA no es magia. Necesita energía, potencia de cálculo y centros de datos gigantescos para funcionar a escala.
En otras palabras: se reemplaza gasto salarial por gasto de capital.
Y desde la perspectiva empresarial, eso es atractivo porque el gasto en infraestructura se controla mejor, no protesta, no pide vacaciones y no sindicaliza.
Un escenario económico inusual: ganancias fuertes y trabajadores más débiles
Dilin Wu definió este posible futuro como una configuración macroeconómica “inusual”: ganancias corporativas resilientes mientras el ciclo de ingresos laborales se vuelve más débil y desigual.
Eso significa que una empresa puede estar creciendo, facturando más y aumentando márgenes, pero al mismo tiempo la mayoría de los trabajadores pueden estar estancados o perdiendo poder adquisitivo.
Y eso genera un tipo de economía rara, porque el crecimiento deja de sentirse en la calle. Es el clásico “los números cierran, la gente no”.
Una frase resume el problema con claridad: la inteligencia artificial aumenta la productividad, pero no garantiza que ese beneficio se traduce en mejores ingresos para los trabajadores.
Qué pasa cuando la productividad mejora pero no se refleja en la vida real
En teoría, cuando aumenta la productividad de una economía, debería aumentar también el bienestar general. Pero la historia demuestra que eso depende de cómo se distribuye esa mejora.
Cordeviola explicó que a nivel macro todavía no hay evidencia clara de un salto enorme en productividad general, pero sí hay mejoras importantes a nivel micro, en tareas puntuales dentro de empresas.
Es decir, la IA funciona. Está haciendo más eficiente el trabajo.
El problema es que esa eficiencia todavía no se traduce en mejores salarios ni en estabilidad para los hogares. Entonces se crea una transición extraña: empresas que ganan eficiencia y márgenes, mientras los trabajadores enfrentan incertidumbre.
Y cuando la incertidumbre crece, el consumo baja, la gente ahorra más, compra menos y frena decisiones grandes como vivienda, autos o inversiones.
La disrupción temporal y el argumento del reentrenamiento laboral
No todos los analistas creen que esto sea el inicio de un desastre laboral. Algunos sostienen que es una etapa de transición típica de toda revolución tecnológica.
El analista Jorge Ángel Harker, de AdCap, relativizó el volumen de despidos señalando que EEUU tiene una fuerza laboral enorme y que estas cifras, aunque relevantes, no implican un colapso total.
Según su visión, la IA provocará una disrupción temporal y luego aparecerán nuevas necesidades, nuevos roles y nuevas industrias. Eso obligará a reentrenar a la fuerza laboral para ocupar espacios que todavía no existen o no están definidos.
Este argumento no es descabellado: pasó con la mecanización industrial, con la informática y con internet.
El problema es que el reentrenamiento no siempre ocurre rápido ni de manera equitativa. Y mientras tanto, hay miles de personas quedando en el medio del cambio.
El riesgo de desigualdad en la economía estadounidense
Si la IA desplaza principalmente trabajos administrativos y de oficina, el golpe se concentra en sectores específicos: profesionales de clase media, empleados técnicos, puestos de soporte y tareas repetitivas que antes sostenían carreras estables.
Mientras tanto, los dueños del capital tecnológico y las grandes corporaciones pueden capturar la mayor parte del beneficio.
El resultado probable es un escenario más desigual, donde una parte de la población se adapta y mejora su situación, pero otra queda atrapada en empleos más precarios, peor pagos o con menos futuro.
En una economía como la estadounidense, donde el acceso a salud, educación y vivienda depende tanto del ingreso, esa desigualdad no es un detalle: es un cambio social profundo.
Qué es el private credit y por qué aparece en este contexto
Un elemento que suma tensión al panorama es el papel del sector tecnológico en el llamado private credit, un tipo de crédito privado que opera por fuera del sistema bancario tradicional.
En los últimos meses, este mercado habría experimentado órdenes de retiro importantes en EEUU, lo que generó preocupación en Wall Street.
El dato se vuelve relevante porque muchas compañías tecnológicas participan directa o indirectamente en este tipo de financiamiento. Si el crédito se encarece o se vuelve más restrictivo, las empresas ajustan costos más rápido, y eso suele traducirse en despidos o congelamiento de contrataciones.
En un escenario así, la IA se convierte en una herramienta perfecta para recortar gasto humano sin perder productividad.
Por qué esta ola de despidos no se parece a otras crisis tecnológicas
A diferencia de crisis anteriores, donde el problema era falta de demanda, caída de inversiones o burbujas financieras, esta vez el motor del ajuste es distinto.
La tecnología no está fallando. Está funcionando demasiado bien.
La IA permite que equipos más pequeños produzcan lo que antes requería estructuras grandes. Eso cambia la lógica del empleo en sectores donde históricamente se creaban trabajos bien pagos.
Por eso muchos economistas insisten en que el efecto principal no será un desempleo masivo inmediato, sino un cambio en el tipo de empleo disponible y en la distribución del ingreso.
Y ese tipo de cambio no suele ser rápido ni amable.
El punto clave: la IA no solo reemplaza empleos, cambia el mercado laboral
La discusión real no es si la inteligencia artificial va a destruir trabajos. Eso ya está ocurriendo en ciertos sectores.
La discusión es qué tipo de economía se construye cuando el trabajo humano deja de ser imprescindible en tareas que antes sostenían millones de empleos.
En el corto plazo, las empresas ganan: aumentan productividad, reducen costos y mejoran márgenes. Pero si los trabajadores pierden poder adquisitivo, el consumo cae y eventualmente el sistema entero empieza a sentir el golpe.
En pocas palabras: si la inteligencia artificial debilita el ingreso medio, la economía estadounidense puede volverse menos estable aunque las empresas sigan ganando dinero.
Ese es el dilema moderno. Y no se resuelve con discursos optimistas ni con promesas de “adaptación”, porque la transición no será pareja para todos.
La IA no está llegando como una herramienta neutral. Está llegando dentro de un sistema económico que premia la eficiencia corporativa por encima de la estabilidad social.
Y eso, históricamente, nunca termina del todo bien.
